lunes, 16 de agosto de 2010

Es lo que hay, después del salbutamol y la betametasona...

Si gusta de la poesía asquerosamente cursi y depresiva: lea, de lo contrario pase de largo y espere que a la dueña del blog se le ocurra algo para postear con la ortivez e intento de ironía superada que carazterizan este espacio.


Nota1: Por qué este tipo de post? Se preguntará ud., bien, a este poema por ahí le pusieron música y hace una semana que no deja de sonar en mi cabeza! Me quiero exorcizar, no se puede andar con tanta letra nostálgica en la cabeza, tiñe y arruina mis otras ideas.





Hubiera podido ser
hermoso como un jacinto
con tus ojos y tu boca
y tu piel color de trigo,
pero con un corazón
grande y loco como el mío.
 
Hubiera podido ir,
las tardes de los domingos,
de mi mano y de la tuya,
con su traje de marino,
luciendo un ancla en el brazo
y en la gorra un nombre antiguo.
 
Hubiera salido a ti
en lo dulce y en lo vivo,
en lo abierto de la risa
y en lo claro del instinto,
y a mí... tal vez que saliera
en lo triste y en lo lírico,
y en esta torpe manera
de verlo todo distinto.
 
¡Ay, qué cuarto con juguetes,
amor, hubiera tenido!
Tres caballos, dos espadas,
un carro verde de pino,
un tren con cuatro estaciones,
un barco, un pájaro, un nido,
y cien soldados de plomo,
de plata y oro vestidos.
¡Ay, qué cuarto con juguetes,
amor, hubiera tenido!
 
¿Te acuerdas de aquella tarde,
bajo el verde de los pinos,
que me dijiste: ¡Qué gloria
cuando tengamos un hijo! ?
Y temblaba tu cintura
como un palomo cautivo,
y nueve lunas de sombra
brillaban en tu delirio.
 
Yo te escuchaba, distante,
entre mis versos perdido,
pero sentí por la espalda
correr un escalofrío...
Y repetí como un eco:
«¡Cuando tengamos un hijo!...»
 
Tú, entre sueños, ya cantabas
nanas de sierra y tomillo,
e ibas lavando pañales
por las orillas de un río.
 
Yo, arquitecto de ilusiones
levantaba un equilibrio
una torre de esperanzas
con un balcón de suspiros.
¡Ay, qué gloria, amor, qué gloria
cuando tengamos un hijo!
 
En tu cómoda de cedro
nuestro ajuar se quedó frío,
entre azucena y manzana,
entre romero y membrillo.
 
¡Qué pálidos los encajes,
qué sin gracia los vestidos,
qué sin olor los pañuelos
y qué sin sangre el cariño!
 
Tu velo blanco de novia,
por tu olvido y por mi olvido,
fue un camino de Santiago,
doloroso y amarillo.
 
Tú te has casado con otro,
yo con otra hice lo mismo;
juramentos y palabras
están secos y marchitos
en un antiguo almanaque
sin sábados ni domingos.
 
Ahora bajas al paseo,
rodeada de tus hijos,
dando el brazo a... la levita
que se pone tu marido.
 
Te llaman doña Manuela,
llevas guantes y abanico,
y tres papadas te cortan
en la garganta el suspiro.
 
Nos saludamos de lejos,
como dos desconocidos;
tu marido sube y baja
la chistera; yo me inclino,
y tú sonríes sin gana,
de un modo triste y ridículo.
 
Pero yo no me doy cuenta
de que hemos envejecido,
porque te sigo queriendo
igual o más que al principio.
 
Y te veo como entonces,
con tu cintura de lirio,
un jazmín entre los dientes,
de color como el del trigo
y aquella voz que decía:
«¡Cuando tengamos un hijo!...»
 
Y en esas tardes de lluvia,
cuando mueves los bolillos,
y yo paso por tu calle
con mi pena y con mi libro
dices, temblando, entre dientes,
arropada en los visillos:
«¡Ay, si yo con ese hombre
hubiera tenido un hijo!...»

12 Asociaron libremente:

Ivy dijo...

aps! el poema es de Rafael de Leon

Hugo dijo...

¿Y todo eso tenés en la cabeza? Con lo largo que es, es obvio que no te va a dejar lugar para otras ideas. (?)

Ismael U. V dijo...

Es tremendo Ivy, no es el tipo de cosas que me gustan, pero esta muy bonito.
Escribite una poesía en el próximo posteo... dale?
Auunque sea llena de ironia.. jaja
Shalom.

Mel Blanc dijo...

Reconozco que no es el estilo de textos que más me gusta leer, pero creo que tiene méritos, porque es un lindo poema. Igual, más allá del hecho de que te retumbe en la cabeza -como justificás- creo que por algo lo publicaste; algo aquí plasmado debe movilizarte o representarte. Besos, hermosa!

Viking dijo...

Hay una cosa extraña, interesante, increible o , como le quieran llamar. A la persona que se ama de verdad nunca se la ve envejecer, creo que es porque siempre le miramos a los ojos.
Saludos

Ivy dijo...

no puedo creer q este poema logre sacar algo tierno de todo el mundo!!!

Ivy dijo...

Hugo: en la versión cantada es más corto igual, pero sí, son como muchas ideas

Ivy dijo...

Ismael: sí, tampoco es el tipo de cosas q me gustan, pero la verdad es muy lindo, el "hubiera" constante mueve algo en la cabeza

Ivy dijo...

Mel: pero lo leiste!!! :P

lo q hace tener lectores fieles (?)

ya en serio: hay mucho de cierto en tu observación querido Mel, algo me mueve de este poema, pero no es la deducción más obvia q se puede hacer al respecto (a saber: q me recuerde a alguien con quien hubiese querido tener un hijo)

saludos

Ivy dijo...

Viking: qué tierno lo q decís!!!

es cierto, cuando amás a alguien de verdad siempre la mirás a los ojos y perdés objetividad sobre el resto

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

UFA.

LPQTP!!!!!

Ivy dijo...

y bue... muchos pensamos eso al leerlo

jeje

saludos