sábado, 27 de septiembre de 2008

Un postrecito...?



Si son como yo, deben tener algún gusto raro, o alguna maña aunque sea, como con las comidas, por ejemplo. Por años mentí que me sentía mal del estómago, que estaba muy llena, que me dolía la garganta, que estaba enferma, etc., todo, para no admitir...que no me gusta el helado. Aquí viene la reacción del ciento por ciento de la gente que conocí:


CÓMO?! NO, NO PUEDE SER...

Y las preguntas:
-¿Estás segura?;
-¿Probaste el de dulce de leche, el de crema de no sé qué, el que viene con almendras y no sé cuánto?
-Sí, y no me gusta. (y lo que nombran son todas cosas que sólo lograron en la realidad hacerlo más repulsivo a mi paladar)

Lo peor no es la cara que ponen, mezcla de sorpresa, de pena, de expresión de pobre amarga, de confunsión, como si se encontrarn ante alguien casi no humano. No, la cara no es lo peor, aprendí a bancármela aunque pase cada vez que estoy con alguien en el centro y por primera vez esta persona, con un brillo increíble en los ojos, con una emoción casi palpable, y con la seguridad de estar haciendo una propuesta imposible de ser rechazada, me dice: "tomemos un helado". Debe ser el mismo brillo que hay en los ojitos marrones que Dios me dio, cuando en una noche de verano super calurosa le digo a alguien "tomamos una cerveza?". Jaja.

Decía: la cara no es lo peor, sino la insistencia; el hecho de ir a la casa de alguien: una amiga, un amigo, un cuasi novio, etc., y que, después de comer, por supuesto, de postre no te ofrezcan una manzana o una pera, sino helado; perdón! ni siquiera te lo ofrecen, no, dan por sentado que te gusta, que lo vas a comer rápido, les vas a decir que está riquísimo, y te vas a servir tanto que van a tener que guardarlo para que no te lo termines. Ahí viene mi pesadilla, que es revolverlo con la cucharita, mirar como se derrite, ver como los colores se funden, sobreviviendo sólo el granizado (si lo tiene), intentar hacer autohipnosis para ver si puedo comer aunque sea la mitad, lo cual, por supuesto, no funcionó nunca; y... encima... ver como todos lo comen rápido, sin parpadear, con cara de felicidad mientras yo no hago sino mezclarlo y mezclarlo. Esto hasta que alguien se da cuenta y me pregunta por qué no comí, tras lo cual vienen todas las explicaciones del caso, que se extienden porque...

-¿Querés un Danette? (Así se escribe?)
-No, gracias.
-Unas masitas que tengo, son con mucha crema.
-No, gracias, se lo agradezco, pero de verdad no quiero nada. [Nota mental: qué le hace pensar que enfatizar el hecho de que sea dulce me va a hacer decir ?]
-Dale, comé algo dulce, tengo torta que quedó del cumpleaños de la tía Porota, es de hojaldre con crema de frutilla, de café, bla, bla, bla.
-No, de verdad... le agradezco... pero en realidad... no me gustan los dulces.

Aquí se viene una expresión similar a la del gatito de la foto, jajaja.

Bueno, supongo que será como que yo me encuentre con alguien que me diga que no le gustan los Beatles, entonces insistiría con que los escuche hasta que cambie de opinión; o como encontrarme con un tucumano al que no le gusten los sanguches (o sandwiches si prefieren) de milanesa; o, casi diría con alguien que no disfrute de una cerveza bien fría con amigos, pero de esos conocí muchos, así que ya me inmunicé de la reacción de sorpresa que provoca semejante declaración.

[Nota: no me gustan los dulces, es un hecho, excepto en ciertos días del mes en que las hormonas se me revolucionan, jajaja, y tengo unos antojos terribles de alfajores de chocolate, pero sólo del tipo Terrabusi torta, cualquier otro que tenga algo más que dulce de leche... guacala!]