el día había terminado más tarde que de costumbre
por lo que llegué a una hora que no suele ser la habitual para este tipo de encuentros
llevaba en mi cartera todo lo que mi prudencia dictaba
y por supuesto mi soledad, mi tristeza y mi ansiedad estaban allí dentro también -intactas-
las sentí observarme mientras descifraba sus gestos al hablar
las escuché advertirme que allí no había algo para mí
me quedé hasta una hora en la que no era prudente ya manejar
y entonces llegó ese silencio donde es crucial decir algo que no sobre
pero no hubo palabras
intenté recurrir a viejos patrones para enmascarar mi dolor
pero no funcionó
me di cuenta que el artilugio de hacer como si nada se rompió
algo había muerto dentro de mí y me estaba percatando de ello
sin importarme la hora estaba ya en el auto
con la música a un volumen suficiente como para no escuchar mis pensamientos
no era allí, no podía elegir eso
preferí en cambio volver a mi cama -vacía- y desterrar de allí tus recuerdos
saqué las almohadas que sobran y me abracé a mi soledad, mi ansiedad y mi tristeza -todas intactas-
lo que necesitaba era amigarme con ellas, ya que me acompañarán por un tiempo
me levanté y desarmé el último refugio que le había dejado a la esperanza
porque no es eso, pero tampoco es aquello
hoy derribo los muros tras los cuales intenté retenerte y elijo irme, sin mirar atrás
no quiero ya saber si continuás allí descifrando señales
elijo irme en silencio y despacio, que el corazón no tiene apuro
algún día podré recordarte por todo lo que sí me diste
primero necesito llorar un poco más por haber habitado ese no lugar
adiós